Cuando el Infinito se deja atrapar

El texto reflexiona sobre el Dāmodara-līlā, donde Kṛṣṇa se deja atar por el amor de su madre Yaśodā, mostrando que el amor puede alcanzar lo que ni el poder ni el conocimiento pueden lograr. La cuerda siempre queda corta por “dos dedos”, símbolo del esfuerzo humano y la gracia divina que juntos hacen posible el encuentro con Dios.
La meditación relaciona esta escena con la parábola del hijo pródigo: en ambos casos, la gracia desciende primero y el amor se basa en recibir, no en aferrar. También presenta a Nanda y Yaśodā como modelos de una paternidad auténtica, que protege y acoge sin poseer.
La enseñanza central es que la vida espiritual consiste en abandonar el afán de controlar o merecer y abrirse a la gracia. El alma descubre que su amor por Dios es siempre una respuesta al amor que Dios le ha ofrecido primero.