La verdad no tiene dueño

El texto reflexiona sobre la verdad y el autoengaño, afirmando que una vez que alguien recibe conciencia o “luz”, ya no puede ignorar la verdad interior. Enseña que la sabiduría debe compartirse y no guardarse, porque la verdad no tiene dueño y aparece en muchas tradiciones. También destaca que el crecimiento espiritual requiere vaciarse del ego y entender que algunas verdades profundas trascienden los hechos históricos.